THE ODYSSEY (2026) – RESEÑA

The Odyssey

De vez en cuando somos testigos de una película que pone en duda hasta la propias palabras que utilizamos para definirla. Pues aunque a muchos les encantaría arrinconar “The Odyssey” (2026) en un cajón de esto o lo otro, la realidad es que la película arrastra una multitud de ideas, ejecuciones, desencadenantes de pensamientos y conclusiones, que incentivan la conversación mucho más allá, y mucho más tiempo después, de la experiencia en la sala de cine. Uno de mis primeros termómetros para una película suele ser, después de como me hace sentir, las conversaciones que crea, y de “La Odisea” hay mucho qué conversar.

No hace dos horas que salí de la sala y aquí estoy frente a una página en blanco intentando más bien organizar mis pensamientos que escribirlos, pero era inevitable sentarme a, luego de hablarlo con quienes asistí a verla, conversar la peli conmigo mismo. No estoy consciente de si estamos dimensionando a Christopher Nolan de la manera correcta, su figura se siente como aquella que ocupará un protagonismo mucho más importante con el tiempo (irónicamente), o incluso póstumo (aunque para eso quede mucho). Lo que sí es evidente es un plan estratégico de su parte para plasmar en su filmografía películas que se muevan en un punto medio entre el entretenimiento y la manifestación de algunas de las preguntas más existenciales del ser humano. Muchas veces atado al tiempo, que cuando no forma parte de la trama, está tejido en la forma de contar sus historias.

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“La Odisea” de Homero es, evidentemente por el propio simbolismo de su nombre, una de las historias más importantes de la humanidad. No importa de donde la veas o la escuches, si tu percepción es histórica/fáctica o espiritual/mitológica, Homero es el responsable de, hace más de 2,700 años, levantar cuestiones, primero sobre la forma en como contamos historias, y segundo sobre el impacto que tienen estas historias en el desarrollo social del ser humano.

Así se siente La Odisea, que aunque no sale de mi llamarla técnicamente perfecta, sí logra capturar con su diseño de producción un espacio/tiempo que se ubica directamente en el medio entre “hace miles de años” y “fantasía realística”. Aún así, Christopher Nolan no es un director contemplativo, nunca lo será, razón por la cual en las escenas que debían sentirse los personajes respirar, no siempre se siente. El montaje de la película por momentos es un poco tosco, llevando un ritmo de rapidez que no va acorde a los sentimientos que la película quiere evocar en esos mismos instantes. Nolan, muchas veces, y quizás por la presión de la longitud de la propia cinta, no permitía algunas escenas que debían respirar, hacerlo, y esto juega con nuestra conexión emocional a los personajes, los secundarios más que el propio Odiseo.

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Esta probablemente es la mejor actuación que he visto en la carrera de Matt Damon, sin duda se siente la más demandante. Tom Holland, Anne Hathaway, Jon Bernthal, Samantha Morton y hasta John Leguizamo hacen tremendas interpretaciones que añaden a la ambientación general de la peli. Pero debo de admitir que otras caras no me convencieron tanto acá, no sé si por las actuaciones o por mi desconexión a verlos en una historia ubicada en este espacio, no estoy convencido de que Robert Pattinson, Corey Hawkins, Mia Goth, Himesh Patel o Travis Scott eran las elecciones correctas para sus papeles.

La realidad es que muchas cosas llegaron a mi mente al enterarme de que Christopher Nolan se alzaría con una adaptación de este texto. Primordialmente aquella percepción de que la adaptación puede ser tan abierta que existía una libertad creativa que le permitiera hacer lo que Nolan quisiese. Sin duda esta apertura no fue para nosotros, ni nunca hubiese sido, suficiente para incluso imaginarnos las diferentes matices que Nolan y su equipo arrojarían frente a nosotros en este espectáculo visual de casi 3 horas.

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Creo que para calibrar mis pensamientos voy a preferir dividir mis comentarios en temáticas que para mí son el núcleo de la película:

TIEMPO

Pues aunque hemos visto otras películas de este director que tienen una matiz temporal mucho más marcada, es indudable ser testigos de dos manifestaciones importantes sobre el tiempo que tiene esta película. La primera, y la más evidente, es la forma en como Christopher Nolan decide contar la historia. No como algo que está sucediendo, sino como algo que ya sucedió. Iniciamos más cerca del final, y poco a poco vamos descubriendo lo que sucedió hace mucho tiempo, La Odisea, y el primer sentimiento que esto arroja es la certidumbre de que lo que ocurrió es inevitable, por lo tanto no hay nada que ni nosotros, ni los personajes puedan hacer para cambiarlo. Este re-juego del tiempo que Christopher Nolan decide hacer en su narrativa le otorga distintos bolsillos de respiro que más adelante se vuelven imprescindibles en la correcta internalización de la historia. No todo puede ser acción, tragedia y sufrimiento, y esa retrospectiva que avanza el presente de la historia, fomenta la conexión emocional con los personajes. Una conexión que se torna un poco caótica, pero que acercándonos a su tercer acto cobra vida.

La segunda manifestación del tiempo se ve reflejada en aquello que distancia a Odiseo de su familia. Obviamente es tiempo, pero también es distancia física. La película nunca entra en detalles geográficos, porque su interés nunca es aligerar el trayecto ni dar una sensación de victoria. Sino plasmar una desesperanza casi infinita, que conecta a muchos con la idea de que lo vivido es una consecuencia a lo que sucedió antes.

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 ESPIRITUALIDAD

Pero claro, para condicionarnos a que el recorrido de Odiseo es un castigo, debemos atrincherarnos en la idea de la película de que todo lo que está sucediendo es real. Y Nolan hace todos sus esfuerzos para que así sea, mostrándonos una fantasía mitológica envidiable, carnal y plasmable. La película no intenta en ningún momento alejarte de la idea de que todo lo fantástico que sucede es real, todo lo contrario, hace sus mejores esfuerzos para que nosotros, como nuevos testigos de una nueva adaptación de La Odisea de Homero que se ha contado por miles de años, creamos que esto realmente sucedió. Pues el motor de regresar a casa de Odiseo, de encontrar a su padre de Telémaco, y de soltar la carga que lleva consigo por los últimos 20 años de Penélope, son completamente humanos. Y como humanos, hoy y hace 3,000 años, nuestra conexión a una historia fantástica depende por completo de qué tanto vemos de nosotros en los protagonistas de estas historias.

Este esfuerzo es evidente pero solo hasta uno de los minutos finales en la mejor escena de la película. Odiseo se encuentra, aún como mendigo, reflexionando junto a Penélope sobre las consecuencias de sus acciones en la guerra de Troya. La violencia e impotencia que se venía arrastrando por 10 años explotó en una noche, fruto de la traición a todo lo que representaba la civilización. En estos minutos finales descubrimos que la figura de Atenea que venía acompañando a Odiseo durante todo su trayecto no era más que un trabajo de su subconsciente para poder intentar comprender todo lo que estaba sucediendo. Este pensamiento entonces se convirtió en una bola de nieve para mí, una bola de nieve que puede hacerte concluir que Nolan no tuvo siquiera el interés de representar la deidades en su película, pero también de que todo sobre lo que hemos sido testigos cabe dentro de los recuerdos vagos y la percepción autodestructiva de Odiseo hacia sí mismo y lo que sucedió.

En el trayecto, los pecados del hombre cobran vida, y la superstición se vuelve realidad absoluta. Los cíclopes, Poseidón, Zeus, los gigantes, el infra-mundo, las sirenas y hasta las habilidades de desfiguración de Circe, todo eso se siente lejano, pero nunca irreal o producto de una mente atormentada por sus decisiones.

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LA ODISEA COMO CASTIGO A LA CAÍDA DE LA CIVILIZACIÓN

Sin lugar a dudas la película escaló en mi visionado cuando entendí una nueva lectura de esta adaptación en específico sobre lo que representó la guerra de Troya y La Odisea en la historia de la humanidad. Obviamente esto es una percepción personal y para nada atada a la realidad, pero cuando Nolan nos confía que una de sus lecturas sobre estos eventos es que quizás la separación entre el ser humano y el convivir se da en la traición a reglas no escritas, que acá se interpretan como la Ley de Zeus pero para nosotros puede ser muy bien un código moral y ético no escrito, o nuestras creencias religiosas que perfilan nuestro comportamiento. La separación entre quienes somos como personas y la forma en que convivimos se da en las situaciones extremas en las que estamos dispuestos sacrificar esas reglas por nuestro porvenir personal, por batallar la impotencia, o por ceder a la violencia.

Lo poderoso de esta lectura es que traslada las enseñanzas de La Odisea no solo a ahora, al 2026, a la forma en que nos comportamos y las razones por las que hoy en día el ser humano se equivoca, pero también a cualquier momento / espacio / tiempo en el que esta lectura sea consumida. Pues la magia de Nolan de atreverse a trasladarse a un espacio temporal que es una línea gris entre eventos que sucedieron hace miles de años y la mitología, es que permite que su película abra estas conversaciones, sin importar el momento en que sea vista. Irónicamente como bien lo hizo el texto original de La Odisea por cientos de años.

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Esta amenaza a la civilización es un ciclo, y pensar que el Caballo de Troya se aleja de ser una mera estrategia militar y se introduce en los momentos clave en los que el ser humano se traicionó a sí mismo, abre las puertas al análisis de ¿qué otros momentos de la historia del ser humano sirvieron de punto de inflexión en nuestro desarrollo, pero a la vez de traición al convivir, a lo moral, a la Ley de Zeus? Que al final se traduce en la traición a uno mismo, lo propio que terminó atormentando a Odiseo, y a Oppenheimer.

De esa misma manera la película condiciona todos sus personajes principales y secundarios a aptitudes que sirvan en su detrimento. E incluso se burla de las razones por las que estas guerras y eventos que amenazan la civilización se dan e inician. La propia elección que fue tan controversial del personaje de Helena de Troya en las manos de Lupita Nyong’o, sirve como un recordatorio a la inutilidad de todo ese sufrimiento. A la inutilidad de poner lo que nos hace humanos en riesgo.

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Y a ver, todas estas consideraciones simplemente presentan una cara, la mía, de lo que esta película nos intenta contar. Que a la vez es una proeza cinematográfica, una mezcla de efectos prácticos y computarizados imperceptible, una magnitud histórica realmente captada por la cámara. Como si se estuviese intentando re-vivir aquel género “Épico” que brilló en los años 50 donde las películas se sentían más grandes que las propias pantallas que las estaban proyectando. Por esto veo cine.

Calificación personal: 9/10.