SENTIMENTAL VALUE (2025) – RESEÑA

Sentimental Value

Mi primera realización/interacción frente a lo que heredamos vino de una canción de John Mayer, que escuché con veintiún años hace ya casi 10 años, titulada “In the Blood”. En ella escuché por primera vez las palabras, acá traducidas, “¿Cuánto de mi padre ha dejado mi padre en mí?”. Y desde entonces, mi relación con el arte, la escritura, el desahogo, la catarsis y todo aquello que expulsamos que de alguna forma tiene algo de nosotros, precisa en la certeza de que no solo tiene algo mío, sino también de todos los que vinieron antes de mí. “Sentimental Value” expande sobre esto, y nos trae la magnífica tesis de que no solo las personas viven en nosotros, sino también los espacios que habitamos, y todo aquello con lo que interactuamos.

Las relaciones de familia son el núcleo de la interacción humana, si tenemos suerte, con nuestros padres es donde experimentamos por primera vez la gran mayoría de las dinámicas sociales, de respeto, de poder, de amor, odio, cercanía y distanciamiento que luego se repiten fuera del núcleo familiar a distintos grados de intensidad o intimidad. Pero así como estas relaciones sirven de punto de partida y las virtudes de nuestros padres nos permiten abrazar las mejores partes de nosotros para decidir nuestro camino e iniciar nuestra búsqueda, las incapacidades y deficiencias de esos seres humanos que nos engendraron y criaron también juegan un papel primordial en nuestras propias imperfecciones, nuestros miedos, nuestras inseguridades.

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Joachim Trier y Eskil Vogt (guionistas de “Sentimental Value”) conocen esto, de por sí Trier ya viene de explorar otro tipo de relaciones en sus películas anteriores. Pero conocerlo no es suficiente para llenarte de la confianza de que tendrás la capacidad de comunicarlo de una manera efectiva a quien sea que esté expuesto a tu arte. Es por esto que estos cineastas han decidido tejer la intención de su historia con elementos de su propia profesión para acercar más a sus personajes a ellos mismos, a lo que han vivido, a su cotidianidad, y allí, en el descubrimiento de las conversaciones que esos personajes tendrían en el día a día, ir develando lo que llevan en la sangre.

Pero luego se introduce a la ecuación un trabajo de dirección impecable, en el cual la intención de la historia, del guion, debe de visualizarse no solo en la combinación de tecnicismos y arte que elaboran el conglomerado de lo que es una película. No solo en la composición de los planos y en el tenue diseño de producción, sino también en una comunicación y conexión absoluta con tus actores. “Sentimental Value” es una película de actuaciones, y el mérito de poder establecerla así cae en su majestuosa dirección, cae en el poder de tener un propósito claro de lo que queremos contar y como tu trabajo quedará en un segundo plano cuando le des a los actores el espacio de encarnar aquellos personajes que tienen tanto de ti, de ellos, de quienes vinieron antes e incluso hasta de los propios actores que los interpretan.

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Renate Reinsve, Stellan Skarsgård e Inga Ibsdotter Lilleaas crean un triángulo majestuoso, donde la relación hermanas/padre/hijas sale a relucir de una manera tan universal que no se necesita el diálogo para mostrarnos lo que estos personajes sienten, piensan e incluso lo que han vivido en un pasado inexistente. Creo que una de las más subestimadas características de una actuación es cuando te permite ver el personaje de manera tridimensional, te permite ver un pasado que nunca existió, pero que está allí. Te permite ver miradas, pensamientos, sentimientos que no están escritos, o al menos no siempre, y así darle una segunda vida a la película, a los personajes y a nuestra percepción sobre ellos. Es allí donde entramos nosotros, y quienes somos nos permite interpretar la cinta de una manera muy personal, tomando como punto de partida nuestras propias experiencias similares a lo que, en este caso particular, toca “Sentimental Value”. No me temo a equivocarme diciendo que estas fueron las mejores actuaciones del año.

La película toca otra fibra cuando le da también protagonismo al espacio físico, un hogar vivido no es solo un sitio, es la representación tangible de todo lo que es invisible a los ojos. Es la representación del amor, de la calidez, del frío, de la ausencia, de lo que nos moldea pero también de lo que a veces tomamos por sentado. Las paredes son la más correcta representación del tiempo que ha pasado y sigue pasando, de lo que se mantiene igual, de lo que cambia ligeramente pero también de lo que cambia drásticamente. Una puerta sirve como puente de un espacio a otro, pero también como entrada a recuerdos de lo que una vez fue y ya mas nunca volverá a serlo.

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“Sentimental Value” presenta otras situaciones cuando se introduce en la percepción de los demás de la familia, y allí entra el tremendo personaje de Elle Fanning. Su experiencia con esta familia es muy parecida a la nuestra, pues al verse en la situación de tener que trabajar en la próxima película del padre, su curiosidad la lleva a conocer lo más que pueda de su relación con sus hijas, que de por sí le permite conocer más a su meta-personaje. En ese descubrimiento ella sirve de conexión a nosotros cuando comienza a construir una percepción personal sobre quienes son estas personas, ¿qué ha pasado antes? Y ¿por qué no pueden trabajar juntas o incluso relacionarse? La inclusión de este personaje complementa el sub-tema de “¿Cuántas líneas hay entre la realidad y la percepción de terceros sobre mi realidad?

Es una película magnífica, de miradas, de actuaciones, de dirección, de diseño de producción, de relaciones, del espacio físico, de familia, de cine, de contar lo que llevamos dentro, de acercar el sentimiento a quienes somos para poder comunicarlo de manera más efectiva, de lo que no se dice, del pasado, del trauma, de hermandad, de paternidad, de lo que toma hacer arte, de abandono, de presencia, pero sobre todo de tiempo. De cómo el tiempo logra manifestarse siendo a la vez la medicina —y la yaga— más grande. Increíble peli.

Calificación personal: 9/10.