PAST LIVES (2023) – RESEÑA

Past Lives

Existe una sensación universal, por momentos generacional, de que aquí todos estamos viviendo las mismas vidas. De que el día a día es un ciclo interminable en el que cada persona, aun viviendo sus propias experiencias, termina sintiendo algo tan palpable que cualquier otro lo reconoce o puede encontrar palabras para describirlo. “Past Lives” fue eso para mí, la representación factual de que sin importar el ambiente o la época, los mismos sentimientos se encuentran en vivencias similares que tenemos como seres humanos.

Llevando el concepto a otro nivel, la película resulta perfecta para los curiosos de las coincidencias, agregando un elemento místico y necesario a la creencia de que ninguna interacción que tenemos es “porque sí”, sino que todo, desde rozar con alguien en la calle, hasta un beso, una amistad o una relación, son el resultado obligatorio de un conjunto de eventos que te llevaron a ti, a estar presente en ese preciso momento, en ese preciso lugar, con esa precisa persona.

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La película es delicada, y no de la forma en la que estamos acostumbrados últimamente en que ciertos contenidos son cuasi-exclusivos para un cierto tipo de personas, sino que se presenta con delicadeza. Hace un trabajo fenomenal en establecer sus diferentes líneas de tiempo y permite digerir los momentos que, aunque en acción pueden resultar simples, en conexión son esenciales para mantenernos apegados a esta historia y personajes. Como si la directora supiera precisamente qué momentos son los que lograrán una impresión enfática en su audiencia.

Como ópera prima es impresionante, apegándose a la regla de que menos es más y la posición de que un trío actoral, o hasta dúo, es la manera perfecta de comenzar. Celine Song no puede evitar dejarnos un poco de ella en su primera película como escritora/directora, conociendo que dentro de lo que ella es, hay fragmentos ineludibles de lo que nosotros somos. Sabiendo la importancia que tiene la presencia actoral en la ejecución precisa de comunicar estos sentimientos.

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Greta Lee, Teo Yoo y John Magaro son un trío perfecto. Lee como principal conoce demasiado bien los puntos de inflexión de su personaje, creando dos versiones diferentes a quienes tan solo las separa el tiempo. Emigrar es una experiencia que tiene un peso increíble en el forje de personalidades, al punto de que para mostrarlo bien en un guion, en una película, en un personaje, hay casi que vivirlo. Magaro se muestra en un tercer plano igual de importante, con momentos que permiten añorar la película en su precisa representación del nuevo amor.

“Past Lives” nos cuenta una historia de un amor no correspondido, fotografiada de manera sublime, pero a la vez nos muestra otro amor real, batallando el tabú de que en una misma vida no se puede amar dos, tres, cuatro, o un montón de veces. Expande el potencial de la interminable pregunta del ser humano de “¿qué hubiese sido sí?”, y nos muestra relaciones tan universales como las lágrimas que brotan al terminar la película. Una obra maestra.

Calificación personal: 10/10.